Cada día es una pequeña vida.
En ocasiones las sorpresas no son agradables, es lo que me ha sucedido esta noche al leer los titulares de un periódico, con tristeza me he encontrado con el fatídico titular de la muerte de Mario Benedetti.
He acudido a buscar alguno de sus libros, para releer varios poemas suyos. Siempre que muere un poeta me embarga cierto tipo de melancolía: tristona, como ciertas tardes de otoño.
Con voz torpe recito los poemas, y verso a verso, derramado sobre mi el espíritu de la poesía vuela mi alma libre a otros mundos, más hermosos y plenos.
A Dios gracias por los poetas y por sus versos.
(Sumergido en un extraño sopor de melancolía y bajo los efectos de un buen puñado de poemas; resumiendo: ebrio de Poesía)

Ayer, aprovechando mi día libre, nos fuimos toda la familia a comprar unos libros para celebrar hoy San Jorge. Mis hijos eligieron uno cada uno; Pedro ya ha comenzado a leerlo ( Los Cinco, "Un monstruo anda suelto") y Laura ( "La princesa que leía demasiadas historias de princesas") se pasea de un lado a otro con el suyo pidiéndonos que se lo leamos o sentándose en el suelo y pasando las hojas mientras se inventa alguna historia. Yo por mi parte, me compré "Un hombre en la oscuridad" de Paul Auster. Esta mañana he hecho algo que llevaba ya bastante tiempo pensando: ayer di de alta un par de libros en Bookcrossing y hoy los he liberado. Mi único anhelo es que la persona que los encuentre los lea y a su vez vuelva a liberarlos.
« La anarquía económica de la sociedad capitalista, tal como existe hoy, es, según mi opinión, la fuente de todos los males ».

La noche es la mitad de la vida y la mejor mitad.
Enero me depara tardes, en las que me sorprendo mirando al mar; siento la frescura del aire invernal en mi cara, impregnada esta, del penetrante olor a piélago. Cuento las olas que mojan la desierta playa. A mi espalda la ciudad continua con su frenético trajín. Las olas y los segundos se parecen en que no hay uno igual, son todos distintos. Me vuelve a invadir la nostalgia: Enero, el mar, tu ausencia.
Sonrío; atardece. Las olas siguen su rítmico vaivén. En medio del atardecer susurro tu nombre y otra cálida sonrisa vuelve a aflorar en mi rostro.
Leyendo en Tinta Digital me encuentro con este interesante post.
Me pongo a pensar, y es que me encuentro en esta edad tonta en la que necesito trabajar. Y para mantener a mi familia y pagar mis "cosas" (letras, facturas, etc) todo trabajo es digno.
Me quedo con la sentecia del post:
Esta es la situación: cerca de cuatro millones de personas en el paro. Trabajo hay, precario, pero hay. Luego arremanguémonos nuestros pantalones de marca y trabajemos. Una vez hagamos esto, sí podremos pedir explicaciones a los políticos, pero hasta entonces, parafraseando a Kennedy, no preguntemos qué puede hacer el Estado por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros para enderezar la situación.