El atlas de recuerdos se extiende por la piel de nuestra alma; día a día se llena y transforma: nacen nuevos ríos, gigantescas montañas, fértiles valles, llanuras extensas pobladas de mil recuerdos con formas de pequeñas y olorosas florecillas.
El atlas está recorrido por una intrincada red caminos para llegar antes a algunos sitios; para abandonar del todo a aquellos momentos a los que le hemos cogido querencia.
Hay lugares abandonados, inhóspitos a los que ya ni nos acercamos.
Al fondo, tras la gigantesca cadena montañosa: el infinito. Todo aquello que pudimos ser o hacer y que nunca hicimos, ni fuimos.
Mientras prosigo caminando, visitando nuevos rincones, descubriendo lugares nuevos y el atlas se va ampliando, poblándose ricamente.
(El infinito a mi espalda, me contempla mudo, impasible.)