Hoy al encontrarme con la esquela, no supe ponerle rostro a aquel nombre que me sonaba; todo el día a andado martilleando, intentado aflorar desde los recuerdos. Tenía mi misma edad y de seguro que tenía que conocerla. Pero aquel rostro seguía empeñado en no mostrarse.
Esta tarde, tomando café, un amigo me ha preguntado- ¿Sabes quién ha muerto?
He dado un respingo y la intranquilidad se ha apoderado de mi alma. ¿Quién?- he atinado a responder.
- Maite- Ha respondido él. No han sido necesarias más preguntas.
- Cáncer.
Entonces me han asaltado mil preguntas.
Llevaba varios años sin saber nada de ella. Qué más da lo que la haya matado. Era de mi misma edad, tenía las mismas inquietudes que cualquiera de nosotros y ahora ya no estaba.
Recuerdo las buenas tardes pasadas en su cafetería, los tiempos del instituto (más lejanos aún).
La última vez que la vi, fue hace un par de años. Aparentemente bien, charlamos un buen rato de como iban nuestras vidas. De los viejos tiempos. Nos pusimos al día y de repente:
ella no está. Ha muerto.
La vida da tantas vueltas, tantos giros inesperados ante los que uno se siente impotente, apenas un minúsculo ser, débil, indefenso.
Ahora sentado frente a la ventana me asaltan tantos recuerdos, tantas tristezas...
Y sin poder evitarlo, lloro.