En estos años también apareció una persona en mi vida, entonces los cuadernos se volvieron más alegres, se llenaron de poemas y de historias, de reflexiones hechas en voz alta, de citas de escritores... Todo un vergel de sentimientos afloraron en ellos. Todas aquellas pequeñas cosas acababan después en interminables cartas.
Pasaron muchos años, hasta siete, aquella relación funcionaba aveces si, aveces no; intentamos alargarla, pero el otoño se nos echó encima y lo inevitable tuvo que suceder.
Una mañana envolví mis cuadernos en papel de periódico (era el que tenía a mano), llamé a aquella persona y le entregué mis cuadernos, que en realidad eran suyos.
Lloré aquella perdida,y desde entonces nada a sido igual. Abandoné mis cuadernos, dejé de escribir, porque el solo contacto con el papel inmaculado me producía dolor, incluso dejé de soñar.
Pero la vida da tantas vueltas, nos agasaja con tantas sorpresas:
"Pero también la vida nos sujeta porque
precisamente no es como la esperamos."
Jaime Gil de Biedma.