El corazón humano es un autentico laberinto, en ocasiones una isla misteriosa que siempre nos sorprende con algún nuevo, e inimaginable, rincón. Cada nuevo latido,a pesar de sonar igual, es completamente distinto, único en si, como el ser al que alienta. A menudo intento racionalizar sentimientos y en esos instantes me siento como el mar contra un acantilado: ola tras ola intentado doblegar a la montaña. Y es que las cosas del corazón son difíciles de entender con la cabeza.
Latido, a latido pasa la vida, florecen nuevos y hermosos sentimientos. "De la abundancia de tú corazón, hablará tu boca", leí en algún lugar; anhelo que mi boca sólo hable verdades y cosas bellas. Intentar transformar lo inefable en palabras, gestos, acciones.