Esta casa
ahora vacía,
otrora fue habitada
o por lo menos indicios hay.
El polvo cubre muebles y rincones.
La luna,
la suave luna,
se cuela por la ventana,
en silencio yace la casa:
deshabitada.
Un sutil rayo de plata
se pasea por los rincones,
como un gorrioncillo
se posa en una fotografía
y como por arte de magia
vuelve a latir la casa.