Nota. (Vuelvo a reescribir este post, porque al entrar esta noche me he encontrado con que había desaparecido...)

... Ayer me enteré, con bastante tristeza, de la muerte del poeta Ángel González (del que he disfrutado enormemente con su poesía). No he tenido la suerte de conocerlo en persona, pero si he podido conocer y disfrutar de sus versos; tengo la extraña y triste sensación de haber perdido a un ser querido, a un amigo... Muerto el hombre, el alma del poeta habita en sus versos:
¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles.

Ángel González.