Ya este año pasado hablé en un post de mis recuerdos de niñez cuando llegaba la noche de Reyes.
A día de hoy todavía no he conseguido descubrir como diantres sabía Baltasar que las matemáticas no eran mi fuerte y el más que sospechoso parecido entre la caligrafía de mi madre y la del susodicho rey mago.
Desde que soy padre vivo esta noche tan entrañable de una manera completamente distinta y es que es la mar de divertido ver con que ilusión esperan los peques el momento mágico de levantarse y comenzar a abrir los regalos; me hace recordar tantos buenos momentos con mis hermanos: preparando los vasos de leche con galletas, dejando los calcetines para golosinas y acostándonos bien temprano, para levantarnos aun de noche para disfrutar de los regalos.
A todos felices reyes...
¡¡ Cielos, qué tarde es!!