"Granada de los Nazaríes."

Cuando los que me ven hoy me llaman hermosa, yo sonrío. Quizá piensen que mi sonrisa es de envanecimiento: po el contrario, es de tristeza. Hace seiscientos o setecientos años sí fui hermosa. Mi adolescencia duró mucho; fue en ese tiempo cuando llegó mi madurez. Una ciudad es como una mujer: sentirse bienamada la embellece; sentirse en tensión por una causa íntima le da plenitud. Un amor no sustituye nunca a otro; sucede a otro; peor no lo sustituye. Una ciudad, cuando ha vivido varias vidas distintas, vuelve atrás la cabeza y las compara. En ocasiones, se confunde, pero siempre acaba por elegir el tiempo aquel en que estuvo rodeada por hijos predilectos y sostenida por el amor predilecto. Porque, ¿pertenece una ciudad a sus hombres o, a la inversa, son ellos quienes le pertenecen? ¿Cuál es la razón de que mis hijos de todas las épocas se parezcan tanto entre sí?
Yo soy seguramente la causa: ellos me hacen y yo los hago a ellos, y sobre mí y sobre mis hijos el sol radiante, el cielo soberano, la nieve próxima y el aire luminoso nos conservan idénticos a nosotros mismos a lo largo del tiempo, las aventuras y las desventuras, el obstinado deseo de vivir.

Antonio Gala.
"Granada de los Nazaríes."