Me ha salido como un grito del alma
que en silencio salmodiaba:
Maldigo a los que afrentan a los débiles,
a aquellos que se ceban con los indefensos.
Maldigo sus actos
y sus miradas:
Sus manos asesinas
de sangre mancilladas.
Maldigo la injusticia
y a sus promotores.