El gerente había comenzadao a impacientarse; seguramente pensó que aquello iba a ser una venta rápida y la espera, las preguntas y mis numerosas dudas comenzaban a impacientarlo...
Las hojas del grueso catalogo volaban raudas; apenas podía ver las islas allí expuestas...
Pequeños atolones, islotes perdidos en medio de algún ignoto mar, islas inmensas como continentes... todas desfilaban sin que yo pudiera decir est es la que me interesa.
Mi desasosiego iba en aumento ( y la impaciencia del gerente aumentaba en proporción exponencial).
Un nombre me llamó la atención y grité:-¡Esta!- Al tiempo que pude detener el torrente de hojas...