-¿De agua dulce o salada?- Masculló entre dientes el gerente.
Yo, pensando que me estaba invitando a tomar algún exótico cóctel- Dulce, por favor. Gracias.
-¡¡ La isla!! ¡¡Qué si la quiere en medio del océano o de un lago!!- gritó airado.
Rojo de vergüenza me sumergí en el catalogo.