Coronada la escoba de laurel, mirto y rosa,

es el héroe entre aquellos que afrontan la basura.

Para librar del polvo sin vuelo cada cosa

bajó, porque era de palma y azul, desde la altura.

Su ardor de espada joven y alegre no reposa.

Delgada de ansiedad, pureza, sol, bravura,

azucena que barre sobre la misma fosa,

es cada vez más alta, más cálida, más pura.

¡Nunca! La escoba nunca será crucificada.

Y ante su aliento raudo se ausenta el polvo quieto,

y asciende una palmera, columna hacia la aurora.

Miguel Hernández.

La foto es de un fondo de escritorio publicada en 20minutos.