Dormías,
tan quieta, tan callada…
Respirabas profundamente.
Silencio. Tu respiración.
Tu mano caída en el suelo,
como una flor abandonada.
Eras la noche.
Dormías,
soñabas…
¡Ay!
Eres azul como la noche que acaba,
abriste los ojos y amaneció.

(De un sueño, poco más o menos.)