Ahora que el calor no es tan intenso, apetece caminar a la vera del paseo, contemplar como va cayendo lentamente la tarde y aspirar el intenso olor a salitre de la bahía. Retornan los barcos al puerto, preñadas sus entrañas de la pesca duramente arrebatada al mar, tras de sí dejan una blanca estela de espuma y las gaviotas graznan felices en derredor mientras se lanzan sobre los despojos que los atareados marineros arrojan por la borda.
Cae la tarde y el sol se oculta tras el cerro del castillo, bañando de grana su cima y la ruinosa torre. Me dejo caer pesadamente sobre un montón de jarcias, huelen a mar.
Los barcos atracan y comienza la faena de descargar las capturas; todo se hace a velocidad de vértigo, marineros que saltan a tierra, cajas que van y vienen, todo el pescado a la lonja. Emerge un motorista de las entrañas del barco, voces, gritos, risas.
Por el húmedo suelo de la lonja, se esparce meticulosamente ordenado todo el pescado del día, por el megáfono se van cantando los precios; el cuadro me recuerda a las bulliciosas sesiones de bolsa que aparecen en los noticiarios... Pero aquí por lo menos entiendo que es lo que se compra y se vende. El aire huele a pescado fresco: Gambas, jureles, bonitos, caballas, un enorme emperador, al fondo varias cajas de quisquilla, gatos y almejas...
Los bares de alrededor del Puerto se van llenando de los pescadores; ríen, beben, cuentan las penas del día. Así son los pescadores: rudos, acostumbrados a las penalidades de una vida difícil; prontos a las risas y las bromas, aficionados al taco; pero en definitiva buena gente, honrada y trabajadora.
Cae la noche y cada uno a su casa. Aun recuerdo, cuando llegaba mi tío a casa de la abuela: silbaba alguna canción, desconocida para mi; su ajada gorra en la cabeza, requemado de sol y sal, al hombro la bolsa del “recao” y en la mano, el cubo con su “parte”.
Al alba comenzará nuevamente el ritual, los barcos saliendo hacia el horizonte, para pelear la batalla diaria con la mar...

Notas:
“Recao”: La comida del día.
“Parte”: Cuando se pesca poco pescado, o el pescado no tiene precio, e incluso cuando las capturas han sido abundantes, se suele dejar una parte a repartir entre la tripulación (de ahí su nombre) En las casas de pescadores se suele comer pescado, prácticamente casi a diario.

Publicado anteriormente en mi otra Bitácora Las Noches Perdidas.