De repente cogió una servilleta de papel y dijo: ¿Quieres jugar?
Sorprendido respondí.-Vale.- Aunque me sentí algo desconcertado.
-Vamos a hacer un "cadáver exquisito". Al ver mi cara de asombro, prosiguió con su explicación.- Cada uno vamos a ir escribiendo una frase, alternativamente. Pon lo primero que se te venga a la cabeza y así hasta construir una especie de poema; no importa que no tenga rima; veras como toma forma, la mayoría tienen, incluso, sentido y son muy interesantes.
De su bolso extrajo una servilleta de papel, cuidadosamente la desdobló; acto seguido me la tendió para que la leyese.
Leí lo escrito allí: Aquellas frases escritas en letra menuda me fascinaron.
-¡Vamos!- Exclamé deseando comenzar con el juego.
Comenzó Mom.
Miró un instante al techo, sonrió y se lanzó sobre el blanco papel como si de un ave de presa se tratase.
Me tocó el turno a mí.
Durante unos minutos la servilleta se paseó de un lado a otro de la mesa.
-¿Cuándo se acaba? - Pregunté.
- Cuando uno de los dos diga basta.
Releí con atención lo escrito.- Por mi vale.
- Entonces ya está.-Dijo Mom.
Volvimos a releer lo escrito, disfrutando del poemilla que entre los dos habíamos creado.
Seguramente esto nació a finales del siglo XIX, en las Tertulias de Café.
Me imaginé a aquellos señores de enormes y retorcidos bigotes, sentados entorno a una mesita, entre humo de habanos y copas de coñac, escribiendo como nosotros " Cadáveres Exquisitos".
- No lo pierdas, que me los tengo que copiar.
- Descuida.- Dijo Mom.