Ha caído la noche y la oscuridad envuelve todo... Es el momento de contar historias.
Con paso lento avanza el Cuentacuentos; pausadamente, con suavidad se sienta en el borde de la cama. El niño lo mira con los ojos abiertos como platos. La penumbra reina en la habitación.
El Cuentacuentos levanta la mano, y se lleva un dedo hasta los labios; con un susurro dice: - SSSSHHHH. Silencio.
El muchacho lo mira hipnotizado.
- Cierra los ojos.- le dice. El obedece al instante. El Cuentacuentos aproxima sus labios al oído del muchacho y suavemente comienza a susurrarle una historia.
El muchacho siente el cálido aliento del hombre estrellarse en su oreja:
En la penumbra del cuarto brotan Dragones, Princesas, Reinos encantados, lagos, cielos azules...
El muchacho aprieta con fuerza los ojos intentando retener las mil y un imágenes que brotan en su mente...
Mientras la cálida voz del Cuentacuentos sigue haciendo volar su espíritu, arrastrándolo a mundos inverosímiles; transformándolo en héroe, en árbol, en río...
Las cortinas son mecidas por una sutil brisa... El muchacho sigue volando.
La voz se ha callado; el silencio invade la habitación y en el frío aire de la madrugada aun se respira el aroma a aventura.
El muchacho abre los ojos e incrédulo mira a su alrededor:
La ventana está abierta; la brisa matutina mece las cortinas, mientras el sol inunda a raudales la estancia; fuera cantan los pajarillos y mil aromas llenan el aire.
El Cuentacuentos ya no está, pero seguro que al caer la noche volverá, trayendo consigo mil historias nuevas que contar.
El muchacho cierra los ojos y, apretándolos con fuerza y deseando con todo su corazón que la noche vuelva a caer para tener la visita del Cuentacuentos...

Publicado anteriormente por mi en mi Bitácora "Las Noches Perdidas"