"I never saw a wild thing
sorry for itself.
A small bird will drop frozen dead from a bough
without ever having felt sorry for itself"
D.H. Lawrence
"I never saw a wild thing
sorry for itself.
A small bird will drop frozen dead from a bough
without ever having felt sorry for itself"
D.H. Lawrence
| ¿Cómo seré yo | ||
| cuando no sea yo? | ||
| Cuando el tiempo | ||
| haya modificado mi estructura, | ||
| y mi cuerpo sea otro, | ||
| otra mi sangre, | ||
| otros mis ojos y otros mis cabellos. | ||
| Pensaré en ti, tal vez. | ||
| Seguramente, | ||
| mis sucesivos cuerpos | ||
| -prolongándome, vivo, hacia la muerte- | ||
| se pasarán de mano en mano, | ||
| de corazón en corazón, | ||
| de carne a carne, | ||
| el elemento misterioso | ||
| que determina mi tristeza | ||
| cuando te vas, | ||
| que me impulsa a buscarte ciegamente, | ||
| que me lleva a tu lado | ||
| sin remedio: | ||
| lo que la gente llama amor, en suma. | ||
| Y los ojos | ||
| -que importa que no sean estos ojos- | ||
|
te seguirán a donde vayas, fieles. Ángel González. |
Luz...
Cuando mis lágrimas te alcancen
la función de mis ojos
ya no será llorar,
sino ver.
León Felipe.
La mar ciñe a la noche en su regazo
y la noche a la mar; la luna, ausente;
se besan en los ojos y en la frente;
los besos dejan misterioso trazo.
Derrítense después en un abrazo,
tiritan las estrellas con ardiente
pasión de mero amor y el alma siente
que noche y mar se enredan en su lazo.
Y se baña en la obscura lejanía
de su germen eterno, de su origen,
cuando con ella Dios amanecía,
y aunque los necios sabios leyes fijen,
ve la piedad del alma la anarquía
y que leyes no son las que nos rigen.
Miguel de Unamuno
En ocasiones las sorpresas no son agradables, es lo que me ha sucedido esta noche al leer los titulares de un periódico, con tristeza me he encontrado con el fatídico titular de la muerte de Mario Benedetti.
He acudido a buscar alguno de sus libros, para releer varios poemas suyos. Siempre que muere un poeta me embarga cierto tipo de melancolía: tristona, como ciertas tardes de otoño.
Con voz torpe recito los poemas, y verso a verso, derramado sobre mi el espíritu de la poesía vuela mi alma libre a otros mundos, más hermosos y plenos.
A Dios gracias por los poetas y por sus versos.
(Sumergido en un extraño sopor de melancolía y bajo los efectos de un buen puñado de poemas; resumiendo: ebrio de Poesía)
Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.
Vago... e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
para ver cómo crece la hierba del estío.
Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,
de esta tierra y de estos vientos.
Me engendraron padres que nacieron aquí,
de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,
de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.
Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta.
Y con mi aliento puro
comienzo a cantar hoy
y no terminaré mi canto hasta que muera.
Que se callen ahora las escuelas y los credos.
Atrás. A su sitio.
Sé cuál es su misión y no la olvidaré;
que nadie la olvide.
Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal,
dejo hablar a todos sin restricción,
y abro de para en par las puertas a la energía original de la naturaleza
desenfrenada.
(Versión León Felipe)

Se mueve la mar.
Las olas son sus versos,
oye su cantar.
Esta casa
ahora vacía,
otrora fue habitada
o por lo menos indicios hay.
El polvo cubre muebles y rincones.
La luna,
la suave luna,
se cuela por la ventana,
en silencio yace la casa:
deshabitada.
Un sutil rayo de plata
se pasea por los rincones,
como un gorrioncillo
se posa en una fotografía
y como por arte de magia
vuelve a latir la casa.